sábado, 2 de abril de 2011

Día del Veterano y de los Caídos en la guerra en Malvinas


En la madrugada del 2 de Abril de 1982, fuerzas militares argentinas, formadas por jóvenes de escasa experiencia militar, intentan la recuperación de las Islas Malvinas, lo cual se logra en principio. Por la superioridad de las fuerzas británicas enviadas, se debieron rendir el 14 de junio a las 16 hs. Entre las primeras víctimas del combate se cuenta el capitán de fragata Pedro E. Giachino.

Historia de la La Guerra de las Malvinas

La Guerra de las Malvinas o Guerra del Atlántico Sur (en inglés Falklands War) fue un conflicto armado entre Argentina y el Reino Unido ocurrido en las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982 por la soberanía sobre estos archipiélagos australes tomados por la fuerza en 1833 y dominados desde entonces por el Reino Unido. Sin embargo, la Argentina los sigue reclamando como parte integral e indivisible de su territorio, considerando que se encuentran ocupados ilegalmente por una potencia invasora y los incluye como parte de su provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.

El saldo final de la guerra fue la reocupación de los tres archipiélagos por parte del Reino Unido y la muerte de 649 militares argentinos, 255 británicos y 3 civiles isleños. En Argentina, la derrota en el conflicto precipitó la caída de la junta militar que gobernaba el país y que había sucedido a otras juntas militares instauradas tras el golpe de Estado de 1976 y la restauración de la democracia como forma de gobierno. Por otro lado se sostiene que la victoria en el enfrentamiento permitió al gobierno conservador de Margaret Thatcher lograr la reelección en las elecciones del año 1983.

A principio de los años 1980, el modelo económico de la Junta militar se agotó, con las subsiguientes tensiones sociales: 90% de inflación anual, recesión profunda, interrupción de buena parte de la actividad económica, generalización del IVA (impuesto al valor agregado), empobrecimiento de las clases medias, brusco aumento del endeudamiento externo de las empresas y el Estado, salario real cada vez más depreciado, aumento de la pobreza y sus lacras, etc. La sustitución del jefe de la Junta Jorge Rafael Videla por el general Roberto Viola y luego éste por el general Leopoldo Fortunato Galtieri es indicativa de esta crisis económica, social y política, y el momento en que la decisión de recuperar las islas se pone en marcha con objeto de recuperar el crédito perdido entre los sectores sociales sensibles a este discurso patriótico.[2] [3] Esta decisión se basó en los siguientes presupuestos políticos y militares:

La decision de atacar

1. Naciones Unidas se había adherido firmemente a la doctrina de la guerra justa mediante la aprobación por grandes mayorías de las resoluciones 2131 (1965), 2326 (1967), 2908 (1972), 3281 (1974) y 3314 (1974), que reconocían explícitamente la legitimidad de las guerras de liberación, de autodeterminación, contrarias a la opresión racial, etc. Amparada en este antecedente legal, la mención a una hipotética recuperación de las islas por la vía armada había estado presente en el discurso diplomático bilateral desde 1972.

2. Entre 1981 y 1982, varias acciones del gobierno británico fueron interpretadas por la junta militar argentina como señales de desinterés por el archipiélago, sus habitantes y su futuro:

* Debido a recortes presupuestarios, el ministerio de defensa británico decidió prescindir de sus dos portaaviones (HMS Hermes y HMS Invincible), sus dos buques de desembarco de tropas (HMS Fearless y HMS Intrepid) y del patrullero antártico HMS Endurance, llamado por los británicos «el guardián de las Islas Falkland». Varios periódicos argentinos llegaron a afirmar que el Reino Unido abandonaba la protección de las Islas Malvinas. En el mismo sentido, los representantes malvinenses en Londres expresaron su profunda preocupación por el inminente desarme.

* Motivada por causas racistas, la nueva ley de nacionalidad aprobada por el parlamento británico relegaba a la mayoría de los nativos malvinenses a una segunda categoría y les negaba la ciudadanía completa.

1. La guarnición británica en las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur era reducida, y la lejanía a la metrópoli impedía la llegada de refuerzos a tiempo.

2. La capacidad de guerra anfibia del Reino Unido a medio mundo de distancia no parecía estar a la altura de las circunstancias, pese a su gran poderío aeronaval.

3. No parecía probable que el Reino Unido realizara un contraataque a gran escala, afectando al territorio continental argentino —por ejemplo, usando sus submarinos nucleares— por una cuestión colonial sobre unas islas remotas.

No obstante, la Junta no tuvo en cuenta elementos geopolíticos y diplomáticos esenciales a la hora de tomar tal decisión:

1. Existen numerosos conflictos fronterizos en el mundo. En el contexto de la Guerra Fría, no era probable que la comunidad de naciones viera con buenos ojos la resolución violenta de uno de ellos, pues eso podría legitimar y desencadenar un racimo de guerras regionales en los cinco continentes.

2. En el contexto de la Guerra Fría, Estados Unidos daba más importancia a la OTAN, concebida directamente para detener a la URSS, que al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) más orientado para contener al comunismo en América del Sur y percibido como de interés secundario por Washington.

3. Una dictadura de extrema derecha no podía esperar el apoyo de la URSS ni de ninguno de los países alineados con ella o influenciados por ella, ni tampoco de la mayor parte de democracias occidentales, donde las graves violaciones de los Derechos Humanos cometidas por la Junta ya eran del dominio generalizado de la opinión pública.

4. La Junta subestimó, además, las estrechas relaciones entre Estados Unidos y el Reino Unido que trascienden del marco de la OTAN.

5. El Reino Unido es miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, con derecho a veto.

6. La Junta subestimó la importancia que tiene para la credibilidad del Reino Unido el mantenimiento de los lazos constitucionales con la Mancomunidad Británica de Naciones (Commonwealth). Ni se consideró la voluntad británica de defender los derechos democráticos de los isleños.

7. 1982 era año electoral en el Reino Unido. Si en algún momento estuvo en duda responder o no, la proximidad de los comicios impedía que una humillación así fuera sometida a negociaciones. En una encuesta de Gallup realizada a pocos días del inicio de la guerra, el 28% de la población británica declaró que "el asunto de las Malvinas" iba a ser su elemento fundamental de decisión de voto.

8. La Junta subestimó el potencial y la habilidad militar de la que por tres siglos fue la armada más poderosa del mundo, y particularmente la capacidad de algunos de sus elementos sustanciales.

9. La Armada Real Británica se encontraba próxima a radiar de servicio al 70 por ciento de su flota, lo que hubiera dificultado su contraataque o incluso su eventual victoria sobre las Fuerzas Argentinas.

10. Se estaban llevando a cabo numerosas acciones diplomáticas que tenían posibilidades de acabar en una soberanía argentina sobre las islas. La pista de aterrizaje de las Malvinas había sido construída con capitales argentinos, e YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales) era quien abastecía de combustible a las islas.

Con este análisis erróneo, el gobierno argentino diseñó un plan para la recuperación militar de los tres archipiélagos en disputa llamado Operación Rosario, alterando el statu quo por la vía de los hechos. La operación fue creada a finales de 1981 y principios de 1982 por el Almirante Jorge Isaac Anaya, miembro de la Junta presidida por Galtieri.

Las causas

En septiembre de 1979 el empresario argentino Constantino Davidoff, especializado en negocios con chatarra, firmó un contrato con la empresa Christian Salvensen de Edimburgo (Reino Unido), adquiriendo instalaciones balleneras abandonadas en las islas Georgias del Sur.

Davidoff gestionó en la Embajada británica de Buenos Aires el servicio del buque Endurance a fin de transportar a las Islas el personal y equipos necesarios para desmantelar las instalaciones, pero como su pedido no fue aceptado, la Armada Argentina llevó a cabo la tarea.

El empresario comunicó a la Embajada británica su viaje al archipiélago de Malvinas y en diciembre de 1981 zarpó con destino a las Georgias, a bordo del rompehielos ARA Almirante Irízar (Q-5). El 19 de marzo de 1982, Davidoff regresó al lugar en el ARA Bahía Buen Suceso (B-4) en donde se produjo el izado de una bandera Argentina en las islas. El Foreign Office ordenó el envió del Endurance con el objetivo de obligar a los operarios a arriar la bandera y evitar el desembarco del personal.

El 21 de marzo, luego de que zarpara el ARA Bahía Buen Suceso (B-4) dejando el grupo de Davidoff en tierra para seguir con sus tareas, se solicitó al gobierno argentino desalojar a los operarios allí apostados.

Después que la Junta Militar enviara al ARA Bahía Paraíso (B-1) a Georgias para evitar que los marines ingleses del Endurance desalojaran por la fuerza a los trabajadores argentinos, se sucedieron una serie de reuniones y conversaciones de alto nivel mandatario a fin de suavizar el tono de la negociación diplomática.

El 26 de marzo el comité Militar argentino resolvió prestar apoyo y proteger al citado grupo de ciudadanos. A tal efecto fueron destacadas al lugar varias unidades de la flota de guerra argentina; entre ellas, el ARA Bahía Paraíso (B-1) con 200 infantes de Marina a bordo.

Durante las horas subsiguientes, las noticias procedentes del sur daban cuenta de un inusual movimiento de buques de guerra de la Armada Argentina en el Atlántico Sur.

En vísperas del 2 de abril, mientras la guerra estaba por comenzar, seguían las tareas de desmantelamiento de la paralizada planta ballenera.

La recuperación de las islas por Argentina y la reacción británica

La recuperación de las islas Malvinas por parte de las Fuerzas Armadas Argentinas no fue una acción brutal. Generalmente respetaron a la población local, si bien practicaron los correspondientes cambios de topónimos por sus versiones argentinas, instauraron el español como lengua oficial y, entre otros cambios, modificaron el código de la circulación vehicular para que se condujese por la derecha en vez de por la izquierda.

El público del Reino Unido se encendió ante las imágenes de unos «soldados tercermundistas» apuntando a sus compatriotas rendidos en el suelo, disparando un sentimiento patriótico que cambió la configuración política de su país.

El gobierno de Margaret Thatcher estaba entonces muy debilitado. Sus duras medidas sociales de corte neoliberal, recientemente puestas en marcha, suponían un constante enfrentamiento con amplias capas de la población británica. Francis Pym, su ministro de Asuntos Exteriores, no veía con buenos ojos un conflicto con la Argentina por la posesión de unas islas remotas en el Atlántico Sur. No obstante todo ello, el 3 de abril el Reino Unido logró que la ONU aprobara la resolución 502, exigiendo a la Argentina que retirara sus tropas de los archipiélagos ocupados como condición previa a cualquier proceso negociador. El Reino Unido también cortó todas las relaciones comerciales con la Argentina, y comenzó a buscar aliados diplomáticos con un éxito mucho mayor al de la Junta.

Durante el conflicto bélico, y a raíz de la inmediata ruptura de las relaciones diplomáticas entre ambos estados beligerantes, el Perú representó los intereses diplomáticos de la Argentina en el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y, a su vez, Suiza representó los intereses diplomáticos de Gran Bretaña en la Argentina. Así, los diplomáticos argentinos destacados en Londres, se convirtieron en diplomáticos peruanos de nacionalidad argentina y los británicos en Buenos Aires, diplomáticos suizos de nacionalidad británica. Durante el transcurso del conflicto bélico, el acoso del Servicio de Inteligencia británico a la Embajada peruana en Londres y a sus funcionarios diplomáticos fue tal que originó como respuesta mensajes de distracción.

Para el 9 de abril, el Reino Unido había logrado el pleno apoyo de la Comunidad Económica Europea (ahora Unión Europea), la OTAN, la Mancomunidad Británica de Naciones (Commonwealth) y la ONU. Surgen propuestas de paz por parte del Secretario General de las Naciones Unidas, el peruano Javier Pérez de Cuéllar, y del Presidente Peruano Fernando Belaúnde Terry.

Pero ya el día 30 de marzo, cuando se hizo obvio que la invasión era inminente, el Gobierno británico había ordenado que el destructor HMS Antrim, seguido de otros dos buques de superficie y tres submarinos nucleares, se dirigieran a las islas Georgias del Sur para apoyar al HMS Endurance. El resto de unidades de la marina británica se puso en alerta de cuatro horas.



Alexander Haig, Secretario de Estado de Estados Unidos, recorrió miles de kilómetros intentando evitar la guerra entre dos firmes aliados. No tuvo éxito. La URSS, por su parte, se dedicó a observar el devenir de los acontecimientos con alegría disimulada: dos fuertes aliados de los estadounidenses, ambos con gobiernos de derecha —una democracia y una dictadura—, se enfrentaban irremisiblemente. Moscú era consciente de que, más pronto que tarde, Washington tendría que decantarse por uno de los dos. Hacerlo implicaba romper la OTAN o romper el TIAR. Cualquiera de las dos opciones resultaba beneficiosa para los soviéticos.

En efecto, la neutralidad era imposible. Hacia finales del mes de abril el presidente estadounidense Ronald Reagan se decantó por los «primos» británicos y por la OTAN. Al hacerlo incumplían el TIAR, aplicable en casos de guerra, para favorecer a un miembro de la OTAN. Su unilateralidad, en vez de mantener neutralidad por pertenecer a dos tratados de defensa, le valió el descrédito internacional por flagrante incumplimiento de los tratados. Tanto la URSS como Cuba criticaron a Estados Unidos por este abandono del más débil, y Castro llegó a ofrecer su apoyo a la Junta Militar argentina.

Existe una visión de los hechos que considera que Chile, por su parte, al optar por apoyar a Gran Bretaña, incumplió[cita requerida] también su compromiso con el TIAR alejándose de uno de sus postulados permanentes de política exterior cual era la intangibilidad en el cumplimiento de los tratados internacionales. Este hecho fue, según esta visión, el producto de unas relaciones muy estrechas cultivadas[cita requerida] desde años con Gran Bretaña en el ámbito de la marina a lo cual se agregan unas relaciones especialmente delicadas entre la Argentina y Chile que llegaron en 1978 a una situación pre bélica por el contencioso sobre el Canal del Beagle.

La visión de los hechos desde Chile puede haber sido otra:

1. Por una parte era considerado oficialmente como enemigo de Argentina.

2. En 1978 las fuerzas armadas argentinas habían puesto en marcha (y abortado) la Operación Soberanía destinada a ocupar militarmente las islas al sur del Canal Beagle e invadir el territorio continental de Chile si se estimase conveniente.

3. Las relaciones diplomáticas con el Reino Unido se encontraban en pésimo estado debido a las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura. En especial el uso de aviones de fabricación inglesa para el bombardeo de La Moneda tuvo como consecuencia la negación de los estibadores británicos a trabajar en la carga de 4 aviones a Chile, los que debieron emprender el viaje volando desde Inglaterra a Chile.

4. Las torturas cometidas contra la doctora inglesa Sheila Cassidy habían empeorado aún más las relaciones entre ambos gobiernos.

5. El Conflicto del Beagle aún continuaba candente, Argentina se negaba a aceptar la propuesta papal de 1980 y seis semanas antes del comienzo de la guerra había provocado un incidente con Chile frente a la Isla Deceit con el ARA Gurruchaga. De hecho una de las razones invocadas para la no participación de la marina argentina y de fuerzas profesionales en la guerra fue la necesidad de su posterior utilización en el conflicto con Chile

Las razones formales aducidas por el gobierno chileno al abstenerse, junto a EE.UU, Colombia y Trinidad y Tobago en la votación del TIAR[9] fue el incumplimiento de parte de Argentina de la resolución 502 de las Naciones Unidas. La razón de fondo puede haber sido que la política exterior de la junta militar argentina se había vuelto imprevisible y que este nuevo ímpetu de recuperación de la soberanía argentina podía llegar hasta las fronteras chilenas reconocidas por el multilateral Laudo Arbitral de 1977, pero que la Argentina había declarado nulo en forma unilateral. Chile no podía apoyar una agresión que más tarde se podía volver contra sí mismo. Por esta razón las pésimas relaciones entre Chile y Gran Bretaña se tornaron en cooperación.

Desde los últimos días de abril, el Reino Unido contó con todo este apoyo diplomático, con inteligencia satelital estadounidense, con las últimas versiones de armamento estadounidense (AIM-9L Sidewinder, Stingers, etc) y con datos tecnológicos esenciales de lo que se consideraba —y se demostraría— el arma más peligrosa de los argentinos: los misiles antibuque Exocet de fabricación francesa. Hay dos versiones sobre la conducta de los misiles Exocet: 1°) el Reino Unido accedió a las claves para desactivarlos en la fase de operación, salvo los introducidos desde la república del Perú. 2°) no obstante la detallada información suministrada por el constructor Aérospatiale sobre las características de los Exocet y específicamente sobre su sistema de puntería final (homing) resultaron inútiles: este misil resultó ser tan peligroso como se temía y en ningún momento de la guerra se pudieron establecer contramedidas eficaces contra él.

No hubo declaración oficial de guerra por ninguna de las dos partes, pero conforme avanzaba el mes de abril, estaba claro que ambos países iban a entrar en guerra.

El hundimiento del ARA Gral. Belgrano

Si bien con la llegada de la Royal Navy y la inutilización del ARA Santa Fe (S-21) la flota argentina se había replegado a posiciones más próximas al continente, el almirante Fieldhouse la deseaba firmemente atracada en puerto. No estaba dispuesto a arriesgar sus buques en batallas navales como las de la Segunda Guerra Mundial. Para ello necesitaba asestarle un golpe brutal, algo que convenciera a sus almirantes y a la Junta de que salir al mar era la peor de las ideas posibles. También le hacía falta un golpe propagandístico definitivo que ofrecer a Londres, más allá de la recuperación de unos oscuros islotes y el éxito de unas operaciones de bombardeo todavía medio secretas.

Para el día 30 de abril las unidades más relevantes de la fuerza de operaciones británica ya habían configurado dos grupos de operaciones en la zona de las Malvinas, compuestos por dos portaaviones (HMS Hermes y HMS Invincible), cuatro destructores (‘‘HMS Glamorgan, HMS Conventry, HMS Glasgow y HMS Sheffield), cuatro fragatas (HMS Broadsword, HMS Alacrity, HMS Arrow y HMS Yarmouth) y dos buques petroleros y de suministros (Olmeda y Resource). Con su posición así consolidada, el Reino Unido declaró una «zona de exclusión total» (TEZ) de 200 mi náuticas alrededor del archipiélago, cuyo centro no estaba bien definido. Cualquier buque o aeronave argentino hallado dentro de estas aguas podía ser atacado sin previo aviso. Lo cierto es que, como hemos visto, la flota argentina había decidido apartarse del área por iniciativa propia en tres grupos muy dispersos. El ARA General Belgrano (C-4) y sus dos escoltas patrullaban el Banco Burdwood, situados en el borde sur de esta zona de exclusión. El mismo día 30 de abril fueron detectados por el submarino nuclear HMS Conqueror, procedente de la reconquista de las islas Georgias del Sur.

Londres habría preferido tener bien ubicado al portaaviones liviano ARA Veinticinco de Mayo (V-2), único portaaviones de la Armada Argentina. El ARA General Belgrano (C-4), sin embargo, era el segundo buque más grande del Grupo de Tareas 79 (nombre dado a la Flota de Mar argentina durante el conflicto de las Malvinas). Sobre el mediodía del 2 de mayo, y pese a que había una propuesta de paz del Presidente a mano sobre la mesa, el gobierno de Margaret Thatcher autorizó el hundimiento del ARA General Belgrano (C-4) con sus 1.093 tripulantes.

A las 15:00 del 2 de mayo de 1982, con olas de 12 m, viento de 120 km/h y temperatura ambiente por debajo de 10 °C bajo cero, el capitán del HMS Conqueror, Chris Wreford-Brown ordenó zafarrancho de combate y cargar los tubos lanzatorpedos con viejos Mk 8 (considerados más fiables que los nuevos Tigerfish). Cada uno de estos torpedos no guiados cargaba 363 kg de alto explosivo. En ningún momento el grupo de tareas 79.3 se dio cuenta de que el ataque era inminente. Sobre las 16:00, y a corta distancia, Wreford-Brown dio la orden de disparar tres torpedos. Uno de ellos pudo alcanzar al ARA Bouchard (D-26), pero si así fue, no explotó. Los otros dos dieron de lleno al ARA General Belgrano (C-4). El primero alcanzó la sala de máquinas de popa a las 16:01, abriendo un boquete de 20 m, partiendo la quilla y matando a 272 tripulantes. El segundo dio en la proa, lo que hizo desaparecer 15 m de barco, pero aparentemente sin causar víctimas.

El buque estaba perdido. A las 16:24 el capitán Héctor Bonzo ordenó evacuarlo. Su destructor de escolta ARA Piedrabuena (D-29) se lanzó a la caza del submarino, pero Wreford-Brown se evadió fácilmente de un buque tan antiguo. No obstante, durante los siguientes días habría sucesivos intentos de hundir al HMS Conqueror, todos ellos infructuosos. Volvería al Reino Unido después de la guerra, ondeando la Jolly Roger (la bandera pirata negra con la calavera y las tibias cruzadas, símbolo de victoria en la marina británica desde principios de la Edad Moderna).

323 marinos argentinos perdieron la vida (la mitad del total de muertos argentinos durante el conflicto) como consecuencia del hundimiento del ARA General Belgrano (C-4), acontecimiento que no cayó bien en la escena internacional. En muchos países lo consideraron un uso desproporcionado de la fuerza sobre un buque obsoleto, con mucha tripulación a bordo —en buena parte, marinería de recluta— y fuera de la TEZ, reforzando las posturas pacifistas en gobiernos y ciudadanía de todo el mundo. No obstante, en el Reino Unido fue ocasión de celebraciones populares y portadas de periódicos como esta del diario The Sun. Por otro lado, otros medios de prensa, comenzaron a asomar posturas moderadas e incluso contrarias a la guerra, ante tal pérdida de vidas. Hay posturas que consideran al hundimiento del ARA General Belgrano (C-4) como un crimen de guerra ya que este se encontraba fuera de la zona de exclusión impuesta por el Reino Unido en el momento en que fue hundido.

Las consecuencias

Un cuarto de siglo después, la normalidad reina en las Islas Malvinas (llamadas en inglés Falkland Islands). Para su población, la guerra de 1982 no es más que un funesto recuerdo. No obstante, años después de firmadas todas las paces, estrechadas todas las manos y caídos todos los políticos que la protagonizaron, algunos indicios permiten observar que no se trata de un dominio colonial más. La guarnición británica en el archipiélago es singularmente numerosa, la pista del pequeño aeropuerto ha adquirido tamaños más propios de un aeropuerto internacional y un discreto dispositivo antiaéreo y naval barre apaciblemente mares y cielos.

Para el pueblo británico y la opinión pública internacional, el «oscuro asunto de las Malvinas» está esencialmente olvidado. Entre el pueblo argentino, en cambio, son mayoría quienes siguen considerando que las Malvinas son argentinas.

La Guerra de las Malvinas fue el primer conflicto aeronaval moderno en que se enfrentaron armas de alta tecnología de igual a igual. Fue un enfrentamiento entre dos naciones occidentales, aliadas de Estados Unidos en la Guerra Fría que se libraba por aquel entonces. Se violaron tratados, se cometieron excesos, hubo guerras secretas paralelas. La Guerra de las Malvinas tuvo consecuencias.

Las consecuencias militares

* La Guerra de las Malvinas reveló que en entornos costeros, la guerra aeronaval no había variado gran cosa desde la Segunda Guerra Mundial. La mayoría de buques hundidos se perdieron a manos de aviones realizando «pasadas» con bombas, cohetes y cañones. Esto condujo a la implementación de poderosos medios de defensa terminal antiaérea en los buques de las siguientes décadas.



* El misil ya era un arma apreciada en 1982, pero a partir de ese momento adquirió una relevancia enorme tanto en sus variantes aéreas como de superficie. En particular, la letalidad demostrada por los Exocet en lucha antibuque como la demostrada por los Sidewinder en combate aéreo influyó decisivamente en la mentalidad militar mundial. Todos los buques de guerra posteriores a 1982 llevan algún tipo de defensa antimisil, aunque ésta nunca se haya demostrado demasiado efectiva.

* Se puso en evidencia que el concepto de «proyección de fuerza» era especialmente válido, pues pueden producirse conflictos imprevistos que no se libren en las inmediaciones del propio territorio o países aliados.

* Quedó nítidamente demostrada la eficacia de los submarinos modernos a la hora de contener a una flota enemiga. La carencia de submarinos modernos por parte de Argentina y su disponibilidad por parte del Reino Unido fue decisiva para otorgar a este último el dominio del mar.

* La vulnerabilidad de los buques británicos frente a los ataques aéreos por parte de la aviación argentina resultaron en una dura enseñanza no solo para el Reino Unido, sino para casi todas las fuerzas navales del mundo, que vieron la necesidad de modernizar los radares y las defensas misilísticas de sus buques con nuevas protecciones como el sistema de defensa en zona.

* Se demostró que aviones caza modernos subsónicos pero con electrónica de punta (medidas, contramedidas electrónicas y misiles aire aire) y pilotos bien preparados (Harrier británicos) eran superiores sobre aviones cazas supersónicos de alta velocidad pero con una electrónica más antigua y misiles de primera generación Matra 530 y Magic I (Mirage argentinos). A pesar de esto los Harrier no lograron alcanzar la superioridad aérea por la notable actuación de los pilotos argentinos, reconocida mundialmente. Los Mirage y los Skyhawk siempre operaron desde el continente por no poder operar desde la pista de Puerto Argentino, esto limitó las capacidades de carga de armamento y combustible ya que debían volar 500 millas sobre el mar para atacar a los buques británicos y otras 500 millas para volver al continente. Por esta circunstancia tuvieron una particular actuación los Skyhawks que tenían la capacidad de reabastecimiento en vuelo.

* El conflicto dejó unas Fuerzas Armadas Argentinas completamente debilitadas tanto en sus equipos, como en el personal y en su moral. Perdió supremacía en la región y con una desprestigiada cúpula militar, las inversiones y gastos militares fueron anulados hasta el presente, ya que los sucesivos gobiernos fijaron como política de estado, no tener hipótesis de conflictos y resolver todo por vía diplomática.

* Quedó establecido que la superioridad de entrenamiento de los recursos humanos es decisiva para la victoria. Fue el principio del fin de los ejércitos de recluta obligatoria, un proceso de desaparición aún en curso, y el disparadero de los ejércitos profesionales de voluntarios altamente especializados. Dicho en otras palabras se pudo comprobar que era mucho más efectivo como hizo Gran Bretaña de contratar tropas profesionales, que mantener un ejercito regular sobre la base de conscriptos de un servico militar obligatorio.

Las consecuencias politicas

* Desde la Guerra de las Malvinas, ninguna nación ha osado disputar a una gran potencia una posesión colonial. Desde este punto de vista, el conflicto contribuyó a un mayor grado de estabilidad internacional, pero también al reforzamiento de políticas neocoloniales que aspiran a modificar el statu quo por medios más sutiles.

* La guerra empeoró aún más la situación económica argentina y significó un severo golpe para la moral del país, del que tardaría mucho en recuperarse. Leopoldo Galtieri cayó en desgracia y tuvo que renunciar a la presidencia a los tres días de la derrota, siendo sustituido por Alfredo Óscar Saint-Jean, que a su vez fue suplantado dos semanas después por Reynaldo Bignone. Pero la Junta Militar estaba herida de muerte. Un año y medio después el último militar entregaba el poder a Raúl Ricardo Alfonsín, primer presidente elegido democráticamente desde el golpe de Estado de 1976.

* El sector de la sociedad que antes se había girado siempre a los militares para que «enderezaran» las cosas cuando éstas iban mal comenzó a pensar que éstos carecían en realidad de habilidades políticas, con lo que la mentalidad golpista fue disolviéndose en Argentina durante los siguientes años.

* En el Reino Unido, la victoria sacó al gobierno de Margaret Thatcher del agujero en que se encontraba por sus duras políticas sociales de corte neoliberal y ganó las elecciones de 1982 con la más amplia mayoría que había tenido un candidato desde 1935. Esto le permitió afrontar con mucha fuerza todos los conflictos con amplias capas de la población derivados de las políticas mencionadas que se produjeron en los años subsiguientes y seguir en el poder hasta 1990.

* La Guerra de las Malvinas significó el final, en la práctica, del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), pues el más poderoso de sus componentes, Estados Unidos, decidió deshonrarlo de facto para aliarse con la otra parte en el conflicto. También significó un fracaso para la ONU y para la diplomacia de numerosas naciones.

* Por el contrario, la Guerra de las Malvinas reforzó la «relación especial» entre Estados Unidos y el Reino Unido, dando lugar a un atlantismo extremo que en tiempos recientes ha significado profundas divisiones en el proceso de construcción de la Unión Europea. No obstante, Estados Unidos votó en noviembre de 1982 a favor de una resolución de Naciones Unidas instando a las partes a renegociar el conflicto. Por su parte, el resto de países de la Unión Europea levantó las sanciones a Argentina en cuanto la guerra hubo terminado. Había más misiles y fragatas que vender.

* En la actualidad, las relaciones entre Argentina y el Reino Unido pueden calificarse de regulares. Hay un «paréntesis de silencio» sobre la cuestión malvinense. En 1985 Londres concedió a los habitantes el derecho a la autodeterminación; teniendo en cuenta que éstos son y se sienten británicos en su inmensa mayoría, no parece que signifique gran cosa. En 1990 se restablecieron las relaciones diplomáticas entre ambos países. En 1999 desapareció del aeropuerto de Buenos Aires el cartel «Las Malvinas son nuestras». En 2001, el Primer Ministro británico Tony Blair visitó oficialmente Argentina. Los archipiélagos siguen en las mismas manos que estaban el día anterior al inicio del conflicto. Las relaciones bilaterales son igualmente cordiales, aunque los sucesivos gobiernos argentinos desde la guerra no cedieron jamás en su reclamo.

Fuente: Historia Argentina

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